Almendras, intolerancias alimentarias: cuidado con no pasarse

Las almendras son excelentes aliadas para nuestro bienestar, pero también pueden tener un impacto nocivo en la salud de nuestro organismo. De hecho, sucede que provocan estados inflamatorios que provocan sensaciones dolorosas más o menos intensas.

Cuando las almendras están malas

“Es bien sabido cómo la dieta y el tipo de grasas utilizadas pueden desempeñar un papel fundamental para nuestro bienestar – explica la Dra. Maria Antonietta Labrozzi, farmacéutica, experta en nutrición clínica que, desde hace varios años, se ocupa de problemas gastrointestinales de naturaleza no patológica e intolerancias alimentarias – Tanto las almendras como los cacahuetes contienen una grasa llamada ácido araquidónico, que es esencial para algunas reacciones metabólicas, pero la presencia excesiva de este ácido en nuestro organismo puede estimular el proceso inflamatorio y el dolor asociado al mismo. “.

De hecho, después de comer demasiadas almendras, no es raro experimentar dolor de cuello y mareos, náuseas, dolor intestinal o irritación de la piel. Entre otras cosas, si el cuerpo ya está en un estado de inflamación, abusar de él empeora la situación y la inflamación tiende a aumentar. Si las almendras además están tostadas, es decir, han sufrido la intervención del calor, pueden volverse tóxicas al desarrollar sustancias decididamente nocivas, entre ellas la acrilamida, acusada de ser un elemento cancerígeno. Además, el proceso de tostado los priva de elementos muy útiles como vitaminas y complejos minerales, que son sensibles al calor.

“Mi consejo no es eliminar por completo las almendras, los cacahuetes o las avellanas de la dieta -dice el Dr. Labrozzi-, sino no excederse en las cantidades y la frecuencia de ingesta, prefiriendo sin duda las crudas a las tostadas. También es útil comerlos junto con alimentos que contengan sustancias antiinflamatorias como verduras crudas como el pepino, el apio, el hinojo o frutas como el kiwi y la piña. “

Intolerancia alimentaria e inflamación alimentaria.

La inflamación por alimentos, comúnmente conocida como intolerancia alimentaria, produce una alteración que daña la membrana celular modificando su correcto funcionamiento. De esta manera, las células y los órganos entran en apuros y comienzan a no funcionar como deberían. El resultado son dificultades digestivas, hinchazón, acidez, reflujo y acidez estomacal.

A veces, sin embargo, la nutrición por sí sola no es suficiente para recuperar el equilibrio gastrointestinal. Por lo tanto, es bueno usar complementos alimenticios que puedan restaurar el bienestar natural de nuestro cuerpo.

“Hay varios en el mercado, pero no todos son capaces de satisfacer las necesidades específicas de las personas – sigue Labrozzi – Los complementos alimenticios a base de Glutamina y Boswellia, pueden ser muy útiles. La Boswellia se utiliza como remedio para enfermedades inflamatorias crónicas con patogénesis inmunológica o alérgica, mientras que la Glutamina actúa como un ‘parche del intestino’, ayudándolo en la reparación de la mucosa intestinal. La suplementación con Omega3 podría ayudar mucho, especialmente para equilibrar la proporción correcta con Omega6, muchas veces preponderante en nuestro organismo. El consejo es siempre confiar en un experto, evitando la automedicación”, concluye Labrozzi.

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