El enrojecimiento, el dolor y el lagrimeo profuso podrían deberse a esta patología ocular que incluso conduciría a la ceguera.

Ya ha pasado un mes desde el comienzo de la primavera y, desde entonces, ya hemos visto una mejora notable en los días y un aumento de las temperaturas. Sin embargo, además de esto, estamos asistiendo, como cada año, a la llegada de las molestas alergias primaverales.

Entre las alergias más comunes encontramos sin duda las alergias oculares, que se manifiestan con una serie de síntomas. Esto último, sin embargo, también podría ser la señal de alarma de otras enfermedades oculares, como la uveítis.

El término uveítis se refiere a todas las diferentes formas inflamatorias que afectan a la úvea. Esta última es una fina membrana muy vascularizada, situada entre la córnea y la esclerótica, formada por el iris, el cuerpo ciliar y la coroides. Esta enfermedad ocular podría afectar indiscriminadamente a personas de todas las edades y, si no se diagnostica a tiempo, también podría conducir a la ceguera. Según el área del ojo afectado, hablamos de uveítis posterior, intermedia o anterior. Sin embargo, cuando la inflamación se extiende tanto a la parte inferior como a la anterior, se denomina panuveítis.

Sin embargo, la uveítis puede aparecer por diferentes causas y manifestarse con diferentes síntomas. En las próximas líneas desvelaremos cuáles son las principales y cuáles podrían ser las estrategias diagnósticas más efectivas.

El enrojecimiento, el dolor y el lagrimeo profuso podrían deberse a esta patología ocular que incluso conduciría a la ceguera.

Según informa el Instituto Humanitas, la uveítis puede surgir como consecuencia de un traumatismo o por infecciones provocadas por patógenos, hongos, bacterias o parásitos. Sin embargo, el proceso inflamatorio también podría desencadenarse por otras enfermedades, como la artritis reumatoide o la sarcoidosis.

En cuanto a los síntomas, sin embargo, se trataría de alteraciones visuales, hipersensibilidad a la luz y visión de puntos negros. Además, también puede aparecer enrojecimiento, dolor y lagrimeo profuso.

Diagnóstico, prevención y principales tratamientos

Para tratar de prevenir este trastorno y diagnosticarlo a tiempo, conviene someterse a revisiones oftalmológicas periódicas. Por lo general, esta visita incluye la evaluación de varios aspectos, como la agudeza visual, la presión ocular y la dilatación de la pupila.

Aparte de eso, también se debe prestar mucha atención a la higiene. De hecho, generalmente se recomienda:

  • nunca toques tus ojos con las manos sucias;
  • preste atención al contacto con sus mascotas, desinfectando cualquier rasguño;
  • lávese las manos cada vez que use lentes de contacto;
  • cuidar la limpieza de los lentes de contacto, respetando también las fechas de caducidad.

Finalmente, en cuanto a los tratamientos a realizar, se suelen seguir dos planteamientos en función de la causa de la inflamación. De hecho, en algunos casos es suficiente la terapia local, mediante el uso de colirios; en otros, sin embargo, se requiere tratamiento farmacológico.

Por ejemplo, si la uveítis es causada por un virus, generalmente se administran medicamentos antivirales. Mientras que, si la enfermedad tiene un origen bacteriano o fúngico, pueden ser necesarios antibióticos o antifúngicos, respectivamente.

La necesidad de intervención quirúrgica, por otro lado, podría surgir en presencia de complicaciones adicionales, como desprendimiento de retina, glaucoma o cataratas.

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(La información contenida en este artículo tiene carácter meramente informativo y en ningún caso sustituye el consejo médico y/o la opinión de un especialista. Asimismo, no constituye un elemento para formular un diagnóstico ni para prescribir un tratamiento. Por ello por lo que se recomienda, en cualquier caso, buscar siempre la opinión de un médico o especialista y leer las advertencias sobre este artículo y las responsabilidades del autor que se pueden consultar. AQUÍ”)

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